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3 razones por las que no eres tan racional como crees al invertir

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Raúl Ramírez
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January 20, 2020

El ser humano tiene la tendencia de ubicarse por encima del promedio cuando se trata de compararse con los demás. Este sesgo en nuestro pensamiento...

El ser humano tiene la tendencia de ubicarse por encima del promedio cuando se trata de compararse con los demás. Este sesgo en nuestro pensamiento se conoce como ilusión de superioridad, el cual se cree actúa como escudo al autoestima ya que generalmente no nos gusta aceptar que no somos sobresalientes en todo lo que hacemos. Este fenómeno no ocurre cuando estamos evaluando a otras personas.

Por ejemplo, hay estudios que demuestran cómo las personas se consideran mejores conductores que el promedio aún si tienen un historial de múltiples accidentes (Dunning, D, 1977). Esto suena interesante, ¿pero de qué me sirve esto al invertir?.

Si te preguntaran hoy, ¿qué tan buen inversionista te consideras del 1 al 10 comparado con la gente de tu edad?, ¿donde te ubicarías? … ¿seguro?

El término homo economicus se usa para identificar al ser humano que es siempre racional y toma aquellas decisiones que maximizan su beneficio económico. Bajo estas premisas se desarrolla la teoría moderna de portafolio y mercados eficientes, de donde proviene la idea de que ningún inversionista tiene la capacidad de obtener rendimientos por encima del mercado ya que toda la información se encuentra reflejada en los precios de mercado y por lo tanto son justos.

Se ha demostrado que el ser humano no es siempre racional en sus toma de decisión y por lo mismo se refuta la teoría antes mencionada. Un ser racional busca aquellas inversiones que maximizan su utilidad, pero el ser humano no cumple con esta premisa ya que si comparamos las reacciones que se tienen ante las ganancias y las pérdidas, el miedo a tener pérdidas supera a la felicidad de tener una ganancia y por esa simple razón no siempre maximizan sus utilidades.

Kahneman y Tversky demostraron que una persona que debe elegir entre recibir $10,000 dólares seguros o $25,000 dólares con 50% de probabilidad termina por elegir la opción segura, aunque el valor esperado de la segunda apuesta es mayor.*1

Muchos estarán de acuerdo en que el inversionista promedio no toma las mejores decisiones de inversión, pero para eso existen inversionistas profesionales y traders que manejan nuestras pensiones, ahorros y fondos del gobierno, ellos si deben de ser racionales. Resulta que aunque la experiencia ayuda a tomar mejores decisiones, aún los inversionistas profesionales reaccionan de manera emocional ante grandes fluctuaciones de mercado y pérdidas potenciales. Dmitry (2005) hizo un estudio y demostró que tanto el inversionista promedio como los profesionales sufren del mismo principio, la diferencia es que los últimos manejan millones de dólares y lo hace mucho más riesgoso.

Los traders encargados del área de derivados tienden a ser muy rentables para las instituciones financieras, pero han habido casos en los que ante grandes pérdidas estos profesionales han reaccionado de manera emocional guiados por el miedo, lo que los lleva a incrementar sus posiciones con pérdidas y a apalancarse de gran manera para intentar recuperarse, lo que muchas veces los lleva a duplicar o triplicar la pérdida inicial. Se les conoce como Rogue tradersy han hecho quebrar bancos con cientos de años de historia así como manchar la reputación de firmas muy respetadas en la actualidad.

Es importante estar conscientes de que todos somos humanos y aunque en teoría somos seres racionales, en la práctica es muy difícil controlar nuestras emociones e instintos primitivos. Por esta razón los principales enemigos de nuestras inversiones y responsables de nuestros retornos negativos somos nosotros mismos.

Aún las estrategias de inversión pasivas, en la que se espera comprar un índice de mercado y mantenerlo por 10–15 años, buscando ese rendimiento de 9–10% promedio del que siempre hemos escuchado, puede terminar siendo un rendimiento efectivo de -5% debido a que tomamos decisiones cuando las emociones nublan nuestro juicio y tendemos a comprar cuando todo va bien y vender cuando va mal, y aunque en un negocio tradicional esto puede sonar lógico en las inversiones una mentalidad contraria es la que más probabilidades tiene de éxito.

Ahora tenemos un panorama más claro acerca de nuestro proceso de inversión:

1- Nos consideramos mejor que el promedio para tomar decisiones de inversión, aún si en la práctica no lo hemos sido.

2- Como seres humanos creemos que siempre tomamos decisiones racionales pero seguimos siendo influenciados por nuestras emociones e instintos.

3- Tenemos la capacidad de obtener retornos negativos implementando estrategias que históricamente han otorgado rendimientos positivos.

Podemos evitar estos sesgos:

1- Al ser más humildes asumiendo que no somos mejores que el promedio para tomar decisiones lo que nos hará justificar nuestras decisiones con más evidencia y menos subjetividad.

2- Hay que ser conscientes de nuestras emociones y plasmar un plan de acción por escrito lo cual nos servirá de guía cuando el miedo y la avaricia entren en juego.

3- Aceptar que las inversiones son complejas y descartar esas estrategias simplistas que en la práctica terminan por obtener retornos negativos debido al factor humano.

Tomando esto en cuenta deberíamos de involucrarnos más en nuestras inversiones y no confiar ciegamente en la teoría. Debemos administrar activamente el riesgo con estrategias activas pero solo si nos damos el tiempo de entenderlas y cuestionarlas hasta estar satisfechos, ya que podemos pagarle a un tercero para ejecutar la estrategia pero esto no nos libra de la responsabilidad de comprenderla y así evitar ser ese factor negativo en nuestras inversiones.

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LAF. Raúl Ramírez Valenzuela Hadad

Asesor financiero Evidika


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*1 A. Kahneman, Daniel & N. Tversky, Amos. (1979). Prospect Theory: An Analysis of Decision Under Risk. Econometrica. 47. 263–91. 10.2307/1914185.


*2 Lo, Andrew & Repin, Dmitry & Steenbarger, Brett. (2005). Fear and Greed in Financial Markets: A Clinical Study of Day-Traders. American Economic Review. 95. 352–359. 10.2139/ssrn.690501.

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