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¿Por qué perdemos dinero con el principio de oro? : Compra barato/Vende caro

By
Raúl Ramírez
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February 14, 2020

El principio de oro para realizar ganancias de capital es comprar barato y vender caro, bastante sencillo. La estrategia funciona muy bien por...

Durante el proceso de asignación de capital debemos de definir nuestro objetivo de inversión, así como la estrategia que seguiremos.

El principio de oro para realizar ganancias de capital es comprar barato y vender caro, bastante sencillo. La estrategia funciona muy bien por sí sola y maximiza las ganancias de todo inversionista. La pregunta clave es, ¿porqué le es tan difícil al inversionista promedio seguir este principio básico? Mucho tiene que ver con la respuesta que se tiene ante la incertidumbre y los sesgos emocionales que rigen al ser humano.

La falta de flexibilidad en una estrategia hace que el factor emocional predomine en nuestro proceso de toma de decisión, propiciando acciones impulsivas que nos llevan a romper el plan.

Si alguna vez has estado en un regimen alimenticio muy estricto, podremos acordar en que al principio se tiene una mayor fuerza de voluntad y al transcurrir los días, cada vez somos más propensos a romper la dieta.

Al ejecutar nuestra estrategia de inversión, especialmente desde una perspectiva de valor, buscamos entrar al mercado cuando las valuaciones están deprimidas y vender cuando se ha llegado al punto más alto.

Si cierto nivel de valuaciones está fuera de nuestra criterio de inversión, lo más lógico sería no comprar acciones y esperar a que el mercado nos dé esas valuaciones que buscamos. El problema con este plan rígido es que tiene altas probabilidades de no cumplirse, ya que la flexibilidad es un factor que puede aumentar la adherencia a cualquier plan de acción.

El comportamiento del ser humano se adapta al pasado más cercano, y no al más probable. Esto quiere decir que cuando las tendencias alcistas duran más que el promedio histórico, los inversionistas tienden a olvidar las probabilidades que existen de correcciones de mercado e incluso tendencias negativas.

En un principio entendemos que un ciclo de mercado tiene varias etapas, expansión, pico, recesión y depresión (punto más bajo). Un gran problema es que el mercado hasta el día de hoy no puede predecirse con exactitud (en realidad nada puede predecirse con exactitud pero ese es un tema para otro día) y tiene un comportamiento cíclico pero sin ser consistente en sus plazos.

Podemos tomar como punto de referencia que en promedio históricamente un ciclo económico ha durado 6 años, pero la estadística puede ser confusa ya que esto no quiere decir que cada 6 años veremos un pico seguido de una recesión, de hecho la duración histórica de estos ciclos ha sido desde 4 años hasta 11 años como la etapa de la gran depresión en el 29.

Entre 1897 y 1949, vemos 10 ciclos de mercado completos. de los cuales 6 tuvieron una duración cercana a los 4 años. Al tener varios ciclos de mercado consecutivos en el que cada uno ha durado 4 años, el ser humano empieza a creer que esa realidad cercana seguirá presentándose en el futuro y se basa en ella para tomar decisiones futuras, lo que puede causar un aumento en su exposición de mercado y con ello sus niveles de riesgo.

Si por ejemplo, con base a nuestras experiencias pasadas, en la que el ciclo económico ha durado 4 años en promedio, decidimos vender nuestra posición en algún índice del SP500, porque la historia nos dice que ya es hora de una corrección de mercado, pero nos llevamos la sorpresa de que EEUU mantiene sus tasas en niveles históricamente bajas, y después viene una reforma fiscal que incrementará las ganancias de las empresas y todo esto hace que nuestro ciclo económico dure 12 años, estaríamos contra la pared ya que pasarían 8 años antes de encontrar esa esperada corrección de mercado para volver a tomar una posición.

El gran riesgo del ejemplo anterior, no viene tanto del costo de oportunidad de no estar invertido durante 8 años. Más bien de cuando vemos que en ese plazo gente con mucho menos experiencia y menos precaución, se mantuvo invertida y tuvo mayores rendimientos, el factor emocional puede nublar nuestro juicio, llevándonos a comprar valuaciones en niveles máximos, cercanas al pico y al momento que el mercado cae un 30% es muy probable que vendamos a la baja y terminemos por ejecutar todo lo contrario a la estrategia original.

Si en vez de implementar la estrategia original, siguiéramos invirtiendo en el mercado pero con una ponderación menor a la habitual, evitaríamos estos comportamientos irracionales y con ello maximizaremos las probabilidades de apegarnos a nuestro plan de inversión y de éxito en el largo plazo.

Lo difícil es reconocer que nuestra fuerza de voluntad tiene un límite y que si le exigimos de más terminará por romperse.

¿Cómo podemos aplicar esto en nuestra estrategia de inversión? Si estamos conscientes de que el ejemplo anterior es posible y queremos evitar poner a prueba nuestra inteligencia emocional, podríamos mantener en nuestra asignación estratégica de activos un porcentaje mínimo para Renta Variable. De esta manera cuando el mercado esté caro tendremos una posición menor, dando posibilidad que al haber una corrección de mercado podamos aumentar nuestra posición y disminuir nuestro precio promedio, y en caso de que el ciclo económico dure más que el promedio histórico no correremos tanto riesgo de poner a prueba nuestra fuerza de voluntad, ya que estaremos participando de cierta manera en la subida generalizada, llegando a cierto equilibro.

Podemos identificar factores comunes en los ciclos alcistas de mercado, como valuaciones históricamente altas, altos indicadores de p/e, mucha especulación, apalancamiento y la creación de nuevos instrumentos de inversión de baja calidad para capitalizar en la tendencia.

El inversionista disciplinado que busca comprar a niveles mínimos puede quedarse esperando a que el mercado baje varios años, y al ver como sus amigos tienen rendimientos mayores a los suyos año tras año, sin preocuparse por el nivel de compra en un mercado que siempre sube, tiende a sufrir del famoso “miedo de quedarse afuera”, llevándolo a tomar más riesgo del deseado para compensar el tiempo no ha estado invertido, y cuando la tendencia cambia recuerda porque debió de mantenerse firme o bien ser lo suficientemente flexible para no caer en extremos.

Cabe aclarar que esto se limita a inversionistas que creen en un mercado eficiente y en estrategias pasivas. Al no ser nuestro caso, de manera activa siempre buscamos empresas que cumplan con nuestros criterios de valuación, independientemente del ciclo económico y por lo mismo logramos tener una baja correlación al mercado, aunque algunas veces implique estar debajo de rendimientos de mercado o no estar invertidos al 100%, en el largo plazo buscamos un mayor rendimiento y con una menor exposición a bajas generalizadas del mercado y pérdidas de capital.

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LAF. Raúl Ramírez Valenzuela Hadad

Asesor financiero Evidika

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